Recuerdo como si fuera ayer aquel 1 de septiembre de 2006 en el que supe que Álvaro vendría a ESTE MUNDO. Ocho meses después estaba aquí, gritando fuerte y alto.
Siempre, desde el momento de su inesperada existencia, tuve claro que mi pequeño príncipe me cambiaria no sólo la vida, sino mi forma de mirar a las personas, las cosas, las situaciones, algo en mí me decía que venía con un don debajo del brazo, EL DON DE ENAMORAR, ha resultado ser…
Ver crecer a mi precioso hijo feliz, era algo maravilloso. Había pequeños detalles que me hacían dudar si todo iba bien (falta de saciedad, curvarse al cogerle, rechazo de peluches cerca, no despertarse por hambre…) pero volvía a mirarle, le decía una “monería” y sonreía, entonces pensaba, todo está bien…
Unos meses después
observé que hacerle una foto era tarea imposible, parecía que la cámara le intimidara y con tan sólo seis meses ,a los que ya se sentaba perfectamente, era capaz de ir girándose sobre sí mismo hasta darme completamente la espalda, sólo haciendo un gran esfuerzo para desviar su atención le hacía una foto riendo y casi nunca de frente, no porque no se riera o no me mirara de frente habitualmente, mas bien porque eso extraño que estaba delante de mi cara no le dejaba verme y posiblemente no le gustaba nada, esa ha sido mi humilde conclusión. En ese momento pensaba que no le gustaban las fotos porque todo lo demás parecía dentro de eso llamado “normal”
Cuando me dijo “mamá”, cuando empezó a imitar sonidos, cuando decía “uno, uno” o llamaba a su hermano a voces “Alex!!!”… cuando comenzó a gatear cual gacela perseguida por guepardo, dejando claro que no existía ningún problema de coordinación, cuando empezó a andar, cuando buscaba continuamente mi atención… entonces era imposible pensar que poco después el autismo llamaría a la puerta…
Llegó ese día, en el que miraba a mi hijo y no conseguía cruzarme con su mirada, en el que parecía que la más profunda timidez había ocupado ese espacio que antes llenaban sus risas, ruiditos y palabras. Llegó ese día en el que sentí el dolor más desgarrador, cuando por más que intentaba llegar a él, consolarle, calmarle, hacerle sentir mi amor, mis abrazos, mis palabras cargadas de ternura… comprobé que todo eso chocaba contra un muro invisible, mi hijo simplemente no me veía, no me escuchaba, o más bien eso pensaba yo, ahora sé que no era así.
Nunca acepte esa frase de “está en su mundo”, aunque me la repitieron varias veces, mi hijo estaba aquí conmigo, no se había evaporado, no se había teletransportado a ningún mundo paralelo. Mi único fin entonces era llegar a él, no hacerle a él llegar a mí, creando, si era necesario, nuestro propio mundo especial, temporalmente, nunca para quedarnos, porque ya pertenecíamos a otro, EL REAL.
Y así fue, unas pequeñas vacaciones en ese mundo especial que hoy en día es nuestro Reino, y mi pequeño príncipe demostró que no hay nada que el amor no pueda vencer, más si viene acompañado de tesón, valentía y fuerza….
Ya han pasado cuatro años de esto y cada día mi niño me hace saber lo que es verdaderamente importante en la vida, que conseguirá lo que se proponga y que con su existir ha dado a este mundo, suyo, mío y de tod@s, UN PEQUEÑO GRAN HÉROE….
Por Menchu Gallego, autora del blog “Mi principe y nuestro reino azul”
http://www.autismomadrid.es/autismo/tu-mi-mundo-historia-de-una-madre-y-su-hijo-con-autismo/
No hay comentarios:
Publicar un comentario