lunes, 21 de octubre de 2013

Los desórdenes de la alimentación en los Trastornos del Espectro del Autismo

Aproximadamente el 5% de las consultas pediátricas están relacionadas con estreñimiento y un 25% con problemas gástricos, un 20% de los casos de dolor abdominal están relacionados con el estreñimiento.
Estamos por tanto ante cuadros más habituales de lo que podamos pensar a priori, y en el caso de niños con TEA esto no va a ser una excepción. Por tanto debemos asumir que los problemas relacionados con el aparato digestivo en niños afectan a la totalidad de la población infantil.

En el caso de los niños con TEA nos vamos a encontrar que además deberemos enfrentar los problemas asociados a los aspectos propios de los TEA. Es decir, Trastorno del procesamiento sensorial, conductas restrictivas, etc…, que van a incidir negativamente en los proceso de alimentación del niño y a aumentar aun más la posibilidad de que estas alteraciones gastrointestinales se den.
Las dietas restrictivas, riesgos y beneficios
Según estudios llevados a cabo en Europa y EE.UU. se estima que alrededor del 50% de las familias de niños con autismo han seguido algún tipo de dieta restrictiva, siendo la más famosa la que elimina lácteos y gluten. Se ha creado una corriente que asocia determinados alimentos con el autismo. A pesar de la innumerable cantidad de estudios que se han llevado a cabo para confirmar este hecho a día de hoy aún no se ha podido comprobar esta relación. Lo que sí se ha comprobado desde tiempos inmemorables es que cuando comes un alimento que te sienta mal tu salud empeora y por tanto también tú conducta. Y esto es aplicable al 100% de la población, tengas autismo o no. Es importante poder separar de forma adecuada los aspectos de la calidad nutricional y de alimentación del niño y la existencia o no de un trastorno.
Muchas familias que pusieron a dieta a sus hijos hablan maravillas del efecto de la dieta. Suelen informar que el niño tenía desórdenes alimenticios y que tras poner a dieta al niño su conducta mejoró de forma inmediata. Lo que suelen obviar en esta explicación es que no fue sino hasta el momento de poner a dieta al niño cuando se trabajó su desorden alimenticio. Y al ir resolviendo este desorden alimenticio el niño mejoró. Es decir, no fue la dieta en sí lo que produjo la mejora en el niño, sino la intervención que se llevó a cabo para resolver el desorden de alimentación.
Con esto no quiero decir que haya niños que realmente necesitan eliminar determinados alimentos de su dieta, ya que la prevalencia de alergias e intolerancias entre niños con autismo no va a diferir demasiado del resto de niños. Y obviamente si se retiran los alimentos que le provocan malestar, el niño va a mejorar a nivel global sí o sí. Muchas familias que inician algún tipo de dieta con sus hijos, cuando la abandonan no notan retrocesos, de hecho muchas informan de un mayor avance. Es decir, que debemos ser muy cuidadosos con este aspecto y saber diferenciar entre un desorden alimenticio y una alergia o intolerancia. Existe una máxima que dice “Somos lo que comemos”, es muy importante el tener una alimentación sana y equilibrada para tener un buen estado de salud, al igual que lo es tener hábitos saludables de vida, hecho que nos dará un mejor estado de salud y por tanto mejorará nuestra calidad de vida a nivel global, y en el caso de un niño con autismo esto también es aplicable.
Cada vez se documentan más casos de niños con TEA que presentan graves alteraciones relativas a su alimentación. Carencias de vitamina C (En el Reino Unido se han dado diversos casos de escorbuto), carencias en vitamina B12, desnutrición, hipocalcemia, etc… Sean muy cuidadosos con los suplementos alimenticios, un abuso de los mismos puede producir problemas de salud en el niño, incluyendo trastornos en el metabolismo o alteraciones del sistema inmune. Si su hijo requiere de algún tipo de dieta restrictiva siga los
consejos de los profesionales del sector de la salud y nutrición.
Es por tanto muy importante dejar claro que las dietas de eliminación de gluten y caseína NO deben ser llevadas a cabo en los niños con autismo si no existe un motivo médico que lo recomiende. El porcentaje de niños que realmente se benefician de este tipo de dietas restrictivas no difiere mucho de niños sin autismo que también presentan alergias o intolerancias. Los riesgos de las dietas restrictivas suelen superar con creces los beneficios si estas no tienen un riguroso control. Tomar en consideración desde el punto de vista correcto los desórdenes alimenticios es fundamental. Es mucho más útil para el niño emplear el tiempo y los recursos en resolver sus desórdenes alimenticios que en pretender buscar una curación milagrosa en base a una dieta.
¿Cómo enfrentar los desórdenes alimenticios?
Ante todo, ¡Paciencia!
Hemos visto de forma resumida los mayores problemas que afectan a la alimentación del niño o niña con autismo y en cómo estos desordenes afectan a su salud en general y por tanto van a crear situaciones muy complicadas que empeoran la calidad de vida no solo del niño, sino del conjunto familiar. Que el momento de la comida sea un momento amargo va a traer resultados muy malos a todos los niveles, trabajar para resolver estos problemas es básico.
Básicamente podemos decir que no existe una “receta” mágica que resuelva este tipo de desórdenes. Pero existen diferentes enfoques en función de cada niño para abordarlos. Es muy importante también contar con la asesoría de especialistas en este tipo de desórdenes (no hay muchos, pero existen). Básicamente el mejor consejo se basa en paciencia y constancia, que junto con una intervención adecuada va a dar resultados positivos en todos los casos.
En primer lugar, y vaya esto como premisa. La familia NO es la culpable de los problemas de alimentación del niño. Estos problemas se generan por los aspectos que hemos relatado y no por una mala actuación de los padres.
Para llevar a cabo la intervención deberemos establecer una serie de hitos posibles a abordar, es decir, qué queremos ir consiguiendo en este aspecto, siempre desde el respeto al niño, con paciencia y de forma individual (no hay dos niños iguales). No pretendamos que se resuelva en dos días, demos tiempo al niño, hay que tener en cuenta que a mayor severidad de los desórdenes más tiempo nos va a llevar corregirlos. Es muy importante que hagamos un análisis previo de los hábitos alimenticios del niño, de forma que podamos establecer la estrategia que mejor se adapte a sus necesidades.
Usemos apoyos visuales, anticipemos al niño de forma comprensible para él el momento de la comida. No alarguemos de forma indefinida el tiempo de la comida, pongamos tiempos máximos (30 minutos es más que suficiente). Midamos la cantidad de comida que se le pone al niño en el plato. Es mejor ponerle poca de forma que el plato se acabe, antes que saturar al niño. Es muy importante que el momento de la comida se convierta en algo agradable, de la misma forma que el uso de reforzadores positivos al finalizar la misma nos va a ser de gran ayuda.
Hay que respetar también los gustos del niño, si no le gusta el brócoli, pues le daremos otra cosa. Forzarlo no va a ayudar. Hay que procurar que el niño no coma nada fuera de los horarios establecidos para las comidas. A su vez, el entorno ha de ser confortable para el niño. Por ejemplo, el comedor de un colegio no va a ser siempre el mejor lugar, una cantidad excesiva de ruidos, olores,… pueden alterar al niño por saturación.
Hay que conseguir que el niño permanezca sentado durante el tiempo destinado a la comida. Por tanto será importante adecuar los tiempos al propio niño en función de cuan inquieto sea. Es mejor que no existan excesivas distracciones. Lo mejor es iniciar este proceso enfocándonos en una sola comida al día. Por ejemplo, si es un equipo de terapeutas quienes van a iniciar este proceso, lo más lógico es que se lleve a cabo con la comida del mediodía, dejando algo más de libertad al niño en el resto de las comidas del día. Si por contrario lo vamos a llevar a cabo en casa es importante que primero comamos nosotros (nada hay peor que dar de comer a un niño que no quiere comer cuando nosotros tenemos hambre), y por norma general (cada familia tendrá sus propias circunstancias) la cena suele ser el mejor momento, ya que no tenemos otras actividades tras la cena que nos hagan generar un estrés adicional. Por ejemplo si lo queremos hacer en el desayuno y ese día el niño se levantó con el pie izquierdo, nos pondremos todos muy nerviosos ya que llegamos tarde al -colegio, trabajo, citas varias,…- mientras que si lo hacemos en la cena, tras la misma lo normal es irse a dormir.
Si el niño está demasiado condicionado, o sencillamente nuestra paciencia es escasa, o nuestra casa es un lugar con mucho alboroto (por poner un par de ejemplo), es recomendable que sea una persona externa en un lugar distinto quien lleve a cabo la intervención.
Normalmente los niños con desordenes son adoradores de los purés (Pudiendo éstos además deber tener un determinado color, textura, temperatura, olor,…). Suele ser más fácil para ellos el comer un puré antes que alimentos sólidos que implican masticación y una serie de sensaciones sensoriales que les producen desagrado.
Trabajaremos para introducir poco a poco los alimentos sólidos, ampliando el abasto de alimentos y sobre todo potenciar la autonomía del niño a la hora de comer, usando los cubiertos de forma adecuada. En caso de niños que presentan conductas tipo pica o de alimentación compulsiva estableceremos pautas específicas para resolver estos aspectos específicos.
Un truco bastante bueno es ir variando progresivamente la “densidad” y textura del puré, de forma que cada vez sea menos puré, o ir incluyendo pequeños trozos de alimentos sólidos. Pero poco a poco, no pretendamos que el primer día cambie todo. Seamos metódicos y constantes. Una cucharada de puré y podemos ofrecer una pequeña porción sólida. No pasa nada porque la escupa.
También podemos poner pequeña porciones de otros alimentos a su vista, sin necesidad de dárselos, pero es una forma de ir acostumbrando al niño a la presencia de otros alimentos. Recuerden que este proceso se hará solo en una comida al día. Pero debemos ser perseverantes hasta que consigamos que el niño acepte el nuevo alimento (o el mismo alimento pero con una textura y presentación diferente). Usar algo que le guste en formato puré es siempre una buena idea, ya que el sabor no va a variar sustancialmente.
Es importante que el aprendizaje se base en un modelo sin errores, de esta forma evitaremos que el niño adquiera malos hábitos o que tenga cierta confusión sobre lo adecuado y lo incorrecto. En caso de niños muy glotones hay que conseguir que mastique la comida, haremos pausas entre bocado y bocado. También regularemos la cantidad de ingesta en cada comida, queremos niños sanos no obesos.
Es importante que respetemos siempre los tiempos, el uso de apoyos visuales, que tengamos una actitud positiva y que reforcemos las conductas correctas, pero sin castigar las que no lo sean. Vamos a procurar que tenga un aprendizaje eliminando los errores y potenciando el momento de la comida como algo agradable y no un castigo. Hay mil formas de conseguir adaptar la comida al niño, seamos creativos. Por ejemplo, si queremos que el niño coma galletas pero estas son demasiado “duras” para él, podemos mojarlas en leche tibia o caliente para ablandarlas un poco. Podemos modificar las texturas de los alimentos usando un poco de creatividad.
Es importante también es casos de hiperselectividad establecer un plan de introducción gradual de nuevos alimentos. Empecemos por uno que sea similar a lo que al niño le gusta, y de esta manera y de forma gradual y sin forzar al niño iremos añadiendo nuevas sensaciones a su catálogo de “comidas que me gustan”.
Es importante usar la ley del plato vacío. Es decir, una vez se acaba el contenido del plato acabamos el tiempo de la comida. De esta forma podemos graduar también los tiempos. Empezaremos siempre con requisitos bajos, con pocas cantidades de comida que iremos aumentando progresivamente. Recuerden el uso de reforzadores positivos, del uso de refuerzos visuales y al eliminación de otros estímulos que desvíen al atención del niño.
En caso de niños con un muy bajo nivel de tolerancia al estrés y con cuadros de ansiedad y una mala regulación emocional es muy recomendable usar técnicas de relajación para poder regular el momento de la comida, de forma que cambiemos la percepción del niño hacia ese momento.
A modo de corolario las bases generales serán:
- No confundir los caprichos habituales de niños de entre 2 y 3 años con los desórdenes alimenticios
- Tengan Paciencia
- Establecer un plan individualizado para el niño
- Escoger una de las comidas del día para iniciar el proceso
- Respetar al niño y sus gustos
- No forzar ni castigar al niño
- Establecer un entorno adecuado y tranquilo para el niño
- Contar con el apoyo de especialistas
- Usemos siempre apoyos visuales para el niño
- No lo engañemos ni le mintamos
- Usemos la técnica del plato vacío
- Usemos una cantidad de alimento que sea adecuada para el niño. Usemos solo la cantidad que el niño sea capaz de comer
- En casos de hipersensibilidad trabajemos los aspectos sensoriales del niño para mejorar su actitud y tolerancia
- Limitemos los tiempos destinados a la comida
- Evitemos que el niño se levante durante la comida
- Respetemos los horarios de comidas
- Aumentar el nivel de exigencias acorde al niño y de forma gradual
- Restringir el acceso a alimentos fuera de los horarios fijados de comidas
- No iniciemos ningún tipo de dieta sin que exista una recomendación médica y un especialista en nutrición infantil que nos de pautas sobre una alimentación adecuada.
- Acabar las comidas con un reforzador positivo.

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