jueves, 3 de octubre de 2013

Constelarás eligiendo un caballo

Por Malvina Liberatore
Hace tres años, Martín -un nene con TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo)– se metió en un corral pequeño junto a dos caballos petisos y durante veinte minutos se quedó en silencio, acariciándolos. Después de un rato pronunció la palabra "caballito". Martín tenía seis años, y era la primera vez que hablaba.
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El lugar es un campo que queda a una hora de viaje desde la ciudad de La Plata, en Villa Elisa. Se llega primero en colectivo, después en remis; el camino es de tierra arenosa y las zanjas están tapadas de pastos altos. Un lugar típico del interior de la provincia. El chofer toca bocina, y cinco perros llegan ladrando al portón de entrada, hasta el cartel de madera donde se lee "Pacagua". A lo lejos, viene caminando Gabriela. Me abre. Los perros, salen, y vuelven a entrar: jadean, sacuden la lengua y gotean. Hacen 28 grados y son las cuatro de la tarde. Con Gabriela caminamos por la avenida de entrada hacia la casa, los perros van a la par nuestra. Nos sentamos en una mesa redonda de exterior, a la sombra de un pino. En frente nuestro, los caballos.
Gabriela es formadora asistida por caballos y encargada de la organización de las constelaciones. Trabaja en conjunto con Mónica, una psicóloga de la Capital Federal. Juntas, fueron las primeras en instalar en la Argentina una terapia sanadora que consiste en las constelaciones con caballos. Sólo hay un grupo más que lo hace en otra parte del país, lejos.
Las constelaciones humanas, consisten en formar parte de un grupo en el que una persona, decidida a constelar, manifiesta un hecho traumático de su vida. Esa persona, selecciona a determinados integrantes del grupo
y les otorga un personaje a cada uno. Es decir, las personas seleccionadas pondrán en escena el hecho traumático de quien constela. A través del accionar de los actores, de sus movimientos, gestos, y expresiones corporales, el constelador, que está a cargo y dirige el proceso, hace una lectura de la situación e interpreta esas actitudes.
Esta terapia, puede hacerse también con caballos. El proceso es exactamente el mismo. La pregunta sería por qué con caballos y no con perros, o con gatos, por ejemplo. Y la respuesta es que el caballo es un animal de presa, pero doméstico. El caballo, por su condición de animal de presa, tiene una seria capacidad de percepción pero, para que el animal conserve esa capacidad, es fundamental que no sea sometido ni al montaje, ni a ser bañado, ni cepillado seguido, ni a ser metido en un box. El caballo en estado natural, es capaz de reflejar qué le pasa a quien lo selecciona como actor. ¿Y cómo lo hace?, al igual que las personas, a través del lenguaje corporal.
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Pacagua arrancó hace seis años, cuando Gabriela y Mónica supieron que en Europa existía esta terapia –desde hace ya 17 años– y empezaron a hacer pruebas. Eran la combinación perfecta: Gabriela se encargaría de descrifrar el lenguaje del caballo por su formación en el tema, y Mónica de la contención de las personas, del aspecto humano. Y arrancaron. Desde hace dos años, en la casa de Gabriela, en Pacagua, se hacen constelaciones una vez por mes.
-Nosotros trabajamos con cuatro caballos que nunca fueron montados, que nunca fueron sometidos, están en estado natural. En esto no se monta al caballo, cómo si se hace en la equinoterapia que se practica con chicos discapacitados. La idea es ver qué refleja el caballo de la persona, qué emociones percibe.
-Y digamos que vos lo descifrás, lo interpretás.
- Claro. Nosotros trabajamos con los caballos en manada. Al estar en grupo, ellos tienen un líder, y ese animal líder es el que percibe qué pasa a su alrededor, si están en peligro, si están los depredadores, y lo comunica a los demás mediante el lenguaje corporal. En este caso, el caballo, al estar con personas, puede ver qué emociones circulan, qué conflictos, y así comunicarlos con el cuerpo. Muchas veces ni siquiera es necesario que yo interprete, porque el animal con sus movimientos es muy claro.
-Por ejemplo, ¿cómo lo muestra eso el caballo?
-Una vez vino una mujer que quería resolver un conflicto con su madre. Ella me contó a mí nada más que eso. Eligió a una yegua, que se llama Luna, y la yegua se echó en el piso, parecía muerta. Después de eso, la mujer dijo que su madre había fallecido, y le quedaban cosas por resolver. Ahí hubo una clara percepción del animal. Es extraño, no tiene mucha explicación lógica, hay que vivirlo. Otra vez pasó que vino una señora que hacía veinte años que no se hablaba con su hermana, y ella vino a poner en escena ese hecho; cuando terminamos de constelar, nos sentamos a almorzar y sonó el celular: era la hermana.
Varios animales son objeto de terapias, por eso existe la zooterapia. Pero la diferencia es que solo el caballo puede formar parte de la constelación. El caballo, y todo animal de presa en estado natural, libre de estrés; es que no todos los animales de presa son domésticos.
Las diferencias con las constelaciones con personas, son dos. La primera: el caballo es un objeto, su transmisión va a ser puramente objetiva, libre de prejuicios, son como un espejo. La segunda: desconocen la tragedia humana, para estos animales tanto la vida como la muerte forman parte lo de natural, no le temen; entonces no es trágico el momento de la constelación.
Desde muy chica Gabriela comenzó a hacer actividades con caballos, actividades de todo tipo. Hasta que un día el animal se enfermó, y ahí nació la primera de las ideas híbridas: ella aplicó en el animal las terapias alternativas existentes para los humanos. Siguió con las domas sin violencia, y ya después se metió de lleno en el aprendizaje a través de caballos. Hizo cursos en el exterior, forma parte de la unión europea de formadores asistidos con caballos y allí se reúnen una vez por año para desarrollar qué hace cada uno.
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Cada fin de semana se hacen talleres: de autoestima, liderazgo, desarrollo personal y comunicación. El caso de la autoestima, por ejemplo, se practica mucho con adolescentes; y la estrategia está en ser capaz de que el caballo siga a la personas, sin la necesidad de someterlo y montarlo. Gabriela asegura que - aunque no parezca - que un animal de 500 kilos te siga sin haberlo sometido, levanta la autoestima y la gente se va de Pacagua con otra cara. Toda actividad está pensada como metáfora de la vida.
Y las constelaciones se hacen también con niños. Con ellos es diferente, se trabaja en corrales más pequeños, con caballos petisos.
-Solían venir varios chicos abusados, acompañados de algún familiar. Y ocurrió un día que el nene estaba sentado en el pasto y se le acercó un caballo petiso que yo tengo, y le levantó la cabeza al chico. Ocurre que ese caballo, desde su nacimiento y antes de que yo lo trajera, había sido muy maltratado. Pasan cosas extrañas.
Cae el sol en Pacagua, los caballos pastan y Gabriela los mira profundo. Los perros ya no jadean. A lo lejos - después de la avenida que va hacia el portón de entrada - se escucha la bocina; es el remisero, vinieron a buscarme. Y entonces la escena se repite: los perros ladran y salen cuando se abre la puerta. Vuelvo primero en remis, después en micro. El camino es de tierra arenosa y las zanjas están tapadas de pastos altos. La ciudad es un lugar que queda a una hora de viaje.

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