jueves, 19 de septiembre de 2013

http://www.quilmespresente.com/notas.aspx?idn=485134&ffo=20130919

Detección, la clave para trastornos del desarrollo
Es uno de los males del espectro autista (TEA), que afecta a uno de cada 88 chicos
Hasta que Miriam Pérez supo que su hijo sufría un Trastorno General del Desarrollo (TGD) No Especificado, se la pasó de consultorio en consultorio. Fueron más de 6 médicos en dos años, 3 neurólogos y 3 pediatras. Y los diagnósticos fueron tan variados que iban desde que ella era una madre muy permisiva hasta que tenía hiperactividad. En el medio le hablaron de retraso madurativo, de trastorno de la atención y de que el nene necesitaba unos “chirlos”.
Pero ni ella ni una terapeuta que atendía a Roque –así se llama el niño que hoy tiene 8 años- estaban de acuerdo con lo que les decían. Y finalmente en un hospital público, el 6 de julio de 2010, el diagnóstico fue el acertado: tenía un trastorno
del espectro autista, un TGD no especificado.
“Creo que la difusión de estos trastornos y la capacitación de los profesionales es la tarea más importante a lograr para que a ningún otro padre le pase lo mismo que a mi, que nadie pueda decirle qué tiene su hijo y que empiecen a tratarlo tempranamente”, afirmó Miriam, quien cuando supo el diagnóstico de Roque se asoció con otros padres y formaron TEA sin fronteras, una ONG para niños, padres y familiares.
“La detección temprana -destacó la especialista en TEA y TGD Nora Grañana- es fundamental porque favorece la independencia del niño, la vida en el hogar, mejora el rendimiento intelectual, las posibilidades de inclusión y las conductas disruptivas”.
Sin embargo, el diagnóstico temprano todavía no es común. Por eso Grañana explicó que en edad inicial, los síntomas que deben llamar la atención a los padres son la demora en comenzar a hablar cuando tienen más de 2 años, el exceso de berrinches y las dificultades para relacionarse, las conductas repetitivas, la incapacidad para mirar a los ojos o mantener la mirada. Y en la etapa preescolar, de 3 a 5 años, debe prestarse atención si hay dificultad para relacionarse socialmente, es burlado, demasiado tímido y tiene temas de interés que no son los de los otros niños.

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